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Anne Marie que agonizas (1992)

26 de Noviembre 

Hoy tuve que levantarme más temprano que de ordinario porque llegaba de París mi nueva nurse, la señorita Tiquis Miquis. Ella se va a encargar de mi instrucción de ahora en más. La anterior, una octogenaria aristócrata caída en desgracia, fue despedida por madre tras haberse dejado «humillar» por padre varias noches (y más de dos humillaciones por noche). Así que, la señorita Tiquis Miquis deberá impartirme las enseñanzas de Latín, Griego, Historia Antigua, Piano, Canto, Religión, Equitación, Esgrima, Encaje de Bolillos, Inglés, Alemán, Álgebra, Trigonometría, Danza Clásica y de Salón, Modales y Protocolo. Todo ello con el fin de encontrar un buen esposo. Por la noche, me desvestirá, cepillará mis cabellos ensortijados cuatrocientas cincuenta y siete veces y velará mi sueño de rodillas junto a mi lecho. Padezco sorpresivos ataques de tos.

27 de Noviembre 

Después de que mi nurse me bañara, fui conducida en brazos del mayordomo al Salón Verde con un Florero de Lunares, en la fachada Noroeste de la mansión, para que le diera los buenos días a padre antes del desayuno. Mi padre, como le decimos cariñosamente, es un señor respetado entre la aristocracia así como, en proporción inversa, es profundamente despreciado por la chusma. Debe tener alrededor de sesenta años. Viste siempre de negro, es alto (comparado conmigo), se está quedando calvo y tiene el rostro enjuto (esto no sé qué significa pero en todas las novelas de los autores consagrados hay alguien con el rostro enjuto). Me lo presentaron a los diez años de mi nacimiento como marca la tradición familiar.
Cuando entré en su estudio con mi vestido de organdí, me sentó en sus rodillas y
me dijo con forzada ternura:
-¡Eres toda una señorita!...debes tener como diez años, ¿no?-, prueba irrefutable de su poderosa perspicacia. Después me hizo saltar en sus rodillas durante veinte segundos diciendo «Piii... chucu, chucu, chuuu...» y me depositó en el suelo. Acto seguido, tomó su pañuelo y se repasó el pantalón. Deduje de sus maneras que, ese hombre de rostro enjuto, debía ser mi padre. Aún así, para asegurarme, bajé veinte pisos hasta las cocinas para que el servicio me lo confirmara. La décimo sexta ayudante de la oficial doncella me dijo que sí, que «ese señor que fuma puros» era el padre de mis siete hermanos y mío. Mi nurse me autorizó a pegar tres brincos de alegría en la sala de juegos y a puerta cerrada. Fue el día más feliz de mi vida.
Ahora mi tos viene precedida de temblores y sudor frío.

30 de Noviembre 

Hoy, madre me reprendió duramente por haberme sorprendido diciéndole «gracias» a mi doncella. Comprendo sus razones pero yo encuentro adorable el contacto con la canallada. Paso momentos encantadores riéndome de las estupideces que dicen. Me maravillan los absurdos pensamientos que tejen, usando su ancestral ignorancia como hilo y su escalofriante simpleza como aguja. ¿Seré canalla yo también?...la duda me atormenta. Oh!, perdóname Dios Padre Todopoderoso, pero me pierde el olor a sudor del cochero. Creo que voy a desmayarme. La sola mención de este fatal amor me pone los ojos bizcos. Pero, ¡no!: no puedo desmayarme ahora porque mi nurse se ha ido a orinar. ¡Zángana, nunca está cuando la necesito!
Se me han caído las uñas de los pies.

3 de Diciembre

Ayer me divertí sobremanera con la travesura de los jueves. Mis hermanos y yo escapamos a la vigilancia privada que padre contrató para controlarnos y hacemos cosas terribles. Lo que más nos divierte es interpretar obras de Shakespeare en el desván. Aunque, en las tardes más alocadas, leemos el Libro de Buen Amor. Ayer hicimos una obra basada en la Natividad del Señor. Del Señor Jesucristo, por supuesto. Fue realmente desopilante aunque hubo un conato de discusión ya que algunos queríamos vestir a mi hermano menor de angelito y otros querían vestirlo de Virgen. Y él lloraba desconsoladamente porque su íntimo amigo había partido hacia Viena en calidad de violinista prodigio. Pero lo solucionamos vistiéndolo de oveja. Hembra. Baló y baló sin cesar. Todo terminó entre chanzas y risas de júbilo.
La verruga del hombro desapareció tras expulsar un goterón de pus amarronado. Horas más tarde apareció en el otro hombro.

4 de Diciembre

Hoy es el día más triste de mi vida. Mi adorado V. vino a pedir mi mano mas madre se la negó ya que sólo tengo una: soy manca. Pero sospecho que esa no es la razón. Madre no simpatiza con V., prefiere como yerno a S., si bien, ambos están descartados por pertenecer a familias en quiebra. También B. es muy galante y dispuesto y ha insinuado un compromiso. Pero, temeroso de T. y por camaradería hacia H., no se decide. Por otra parte, T. es atractivo y millonario pero no tiene título alguno. Finalmente, H. tampoco sirve ya que está casado con X. y como X igual cero, todos me aman pero ninguno me desposa. Y yo me consumo, literalmente, en la espera de un marido y no puedo tolerar la excitación que me provoca C. («c» de cochero). ¡No falla!: otra vez deseo desmayarme y la señorita Tiquis Miquis no está.
Ayer vomité la cena en casa del embajador de Japón y él dijo que no seré la última persona importante que vomite la cena en territorio japonés. Por otra parte, se me cayó la baba durante la obertura de «El barbero de Sevilla» y me cagué en el Hipódromo. ¿Qué ocurre conmigo?

7 de Diciembre

Anoche estuve a punto de condenarme. Volvíamos del baile de la Opera en el carruaje. Mi hermano mayor se quejaba de que le dolían los pies de tanto bailar la polka (no le gusta el ejercicio físico) y yo, embriagada por el tufo de las axilas del cochero, hube de contar los árboles que iban pasando a modo de contención. Cuando llegamos a casa, mi hermano corrió a acostarse antes de que le sobreviniera una lipotimia y yo (¡ay, pecadora de mí! ) encontré una excusa para retrasarme en descender. El cochero se apostó en la portezuela con una sonrisa irónica y llena de restos de comida. Su cuerpo fornido y brutal obstruía por completo la salida. Cuando puso la primera bota embarrada dentro del coche sentí como si me hubiera orinado. Mas cuando puso la segunda bota no pasó nada excepto que puso perdido el tapizado. Entonces, sin mediar palabra, se abalanzó sobre mí haciéndome sentir como Caperucita. Se metió en mi falda acampanada y me desmayé. Cuando desperté, la señorita Tiquis Miquis me había acostado y me miraba con desprecio. Me refirió los hechos: después de mi desmayo, el cochero se vio reducido en su empeño por la fatalidad. Se enredó de mala manera en el miriñaque de mi falda. Se retorció a fin de escapar pero solo logró enredarse más. Con el movimiento, los caballos se desbocaron y  echaron a galopar. Y no se detuvieron hasta dejarnos en el medio de la plaza del pueblo. La señorita Tiquis Miquis, preparada para las irremediables pérdidas de honor de sus pupilas, fue a socorrernos. Cuando entró en el carruaje encontró al cochero ya cadáver con un alambre de mi falda retorcido en el cuello y la cara verde musgo. Tuve que volver a casa en paños menores para no llevar arrastrando el cadáver. ¡Qué vergüenza: alguien puede haberme visto! En fin, Dios me hizo volver semidesnuda de mi aventura. Tal fue mi castigo.
Como la señorita Tiquis Miquis es muy comprensiva, conseguí arrancarle la promesa de su silencio a latigazos. Y al pobre cochero... lo enterraron esta mañana con el miriñaque de mi falda ya que nadie consiguió desenredarlo. ¡Pobre bestia enjaulada en la prueba de su pecado!
Los hombres de la Policía buscan a la asesina del miriñaque. Si no fuera porque soy aristócrata, esto me haría temer.
Tengo un aliento hediondo.

10 de Diciembre

Padre me ha encontrado esposo. Recibí la noticia en la bandeja del desayuno. La nota venía clavada en un pastelillo de coco (padre es un detallista) (y tiene el rostro enjuto). Antes del almuerzo me dejaron verlo. Físicamente no me agrada
demasiado pero madre me aseguró que, con el tiempo, me terminará gustando... como las manitas de cerdo hervidas. Mide casi dos metros y no pesa más de sesenta kilos. Tiene los dientes de muchos colores «como un arco iris», dijo madre. Verdes, amarillos, marrones y hasta dorados. «Los ojos como el mar» o sea, verde sucio con galeones hundidos. Es calvo excepto por las cuatro canas llovidas de la nuca. En las cejas tiene pelos largos y negros que casi le tapan los ojos. Tiene deformaciones artríticas en las manos y, en realidad, por todas partes. Cuando habla, se le resbalan las palabras con un cansino silbido. Sus mellizos primogénitos lo llevan de ambos brazos porque no apoya los pies: tan solo el dedo gordo e inclinado hacia adentro. Tiene noventa y tres años y un futuro prometedor para mí ya que pronto morirá. Es el dueño de la mitad del país. La otra mitad es de mi padre y la línea divisoria de ambas mitades le pertenece a mi tío.
Los ataques de tos, las flemas sanguinolentas, la pestilencia, el adelgazamiento y la rigidez muscular aumentan. ¡Oh, Dios!, si muero antes de casarme padre no me lo perdonará nunca.

20 de Diciembre

Ya no puedo tomar la pluma. Le dicto el diario a la señorita Tiquis Miquis. Hace dos días, ella se quedó con mi cabellera en la mano al cepillarme. Y esta mañana, madre me hizo saber que cada día le recuerdo más a mi prometido. Ni mi fiel Tiquis Miquis me mira de frente. Cruel destino que me concedió el don de la belleza y ahora me lo arrebata. Aún no he muerto y ya parezco un fantasma. Mi mundo se derrumba. Cuánta nostalgia siento de aquella estúpida que acostumbraba a ser. Los flirteos con todos aquellos cursis, las carreritas y risas ansiosas con mis amiguitas, los gritos a la servidumbre, mis suntuosos vestidos... toda aquella vida inútil y regalada que tanta felicidad me proporcionaba. Ahora, que soy carne de cementerio... ahora que todos me han abandonado a la suerte de mi agonía, me veo obligada a afrontar la muerte con valentía y a decir algo interesante antes de morir. ¿Y qué diré?... si nunca se me ocurre nada. ¡Y tantas criadas sanas! Yo nací para el deleite de la clase alta: ¿qué puedo hacer en medio de una catástrofe? ¿Qué es exactamente «afrontar algo»? ¿Cómo debo cargar este fatal destino sobre los hombros si me estoy cayendo a pedazos?. ¡Eso es!: volveré a Tara. Después de todo, mañana será otro día.
«Anne Marie Dressler murió en la madrugada del veinte al veintiuno de Diciembre. Y murió como una cucaracha: boca arriba y pataleando». 

Sta. Tiquis Miquis

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