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"El
jardín de los cerezos" de Antón Chejov
Fue mi primera lectura seria. Lo que me atrajo, en realidad,
fue la edición. Era una colección de bolsillo, así que
me resultaba muy agradable tener el libro entre las manos. Parecía
de juguete. No recuerdo qué impresión me causó.
Creo que me fijé más en los aspectos técnicos, en
cómo se escribía una obra de teatro que en el contenido.
A partir de ahí, empecé a escribir yo. Todas mis obras
se desarrollaban en mi escuela (por instinto apelé al recurso "pinta
tu aldea") donde mis compañeros protagonizaban historias
breves, cómicas y cotidianas similares a sitcoms que, generalmente,
terminaban con un petardo. El petardo, resolución mediocre si
las hay, era mi "deux ex machina". Las obras se perdieron misteriosamente
en una mudanza, entre el año 82 y el 83.
Ambrosio García Lao
Cuando
tenía alrededor de once años jugaba a hacer collages y
anuncios de gráfica. Me encantaba mostrárselos a mi padre
porque me hacía críticas serias, como si fuera una profesional.
No me decía simplemente "¡Ay, qué lindo, hijita!" sino
que analizaba la pieza punto por punto. Una vez, había recortado
de una revista un frasco de colonia azul... no recuerdo el nombre, creo
que era un año... mil ochocientos no sé qué. Por
otro lado, de una revista de chismes, recorté a una modelo (una
de las hermanas de Miguel Bosé) que posaba estilo bailarina clásica,
dando una vuelta con un vestido también azul. Pegué las
dos imágenes en una hoja y redacté un texto publicitario
que empezaba diciendo "Disfrútela porque...". A continuación
enumeraba una larga serie de cualidades sensuales que se podían
aplicar tanto a la modelo como a la colonia. Cuando se lo mostré a
mi padre, elogió esa deliberada confusión entre la modelo
y la colonia para tentar al público pero me dijo que el texto
era muy largo, que por qué no ponía simplemente "Disfrútela".
Fue como si un enorme foco se hubiera encendido sobre mi cabeza. Entendí todo
en un instante. "Disfrútela" era sencillo, preciso
y acentuaba todavía más mi intención de confundir
a la modelo con la colonia. Aún hoy cuando me sorprendo escribiendo
párrafos largos o frases llenas de adjetivos, pienso "Disfrútela" y
trato de buscar la palabra que resuma todas las demás.
Enrique Jardiel Poncela
Un
alma afín. Me salvó de la tentación de la solemnidad.
Me enseñó que podía reírme de mis propios
personajes aprovechando que no pueden venir a pegarme. Me llenó de
glamour y chorizo cantimpalo. Admiro su sistema de dos lecturas mediante
el que nuestro lado tonto puede divertirse con los chistes de la superficie
y nuestro lado ambicioso puede encontrar tesoros en el fondo. Sus obras
son estudios exquisitos sobre la naturaleza humana. No están escritas
por un dios/autor que crea mundos para mostrar a los demás su
superioridad intelectual o sus máximas y frases célebres.
Están escritas por un hombre tan ridículo y fascinante
como sus personajes. En la historia de la literatura, este padre soltero
que sobrevivía escribiendo comedias, aún no ha sido valorado
como merece. Para mí está en el universo de los genios,
con Cervantes de un lado y Quevedo del otro.
Friedrich Nietzsche
Por
recomendación del tipo de un puesto de libros usados, empecé a
leer a Nietzsche con "Ecce Homo" y, desde entonces, lo leo
y releo regularmente. Para mí es más un escritor que un
filósofo. Incluso dudo de si realmente pensaba lo que escribió o
lo escribió sólo para molestar. El me estrangularía
si leyera esto pero todo lo que dice me parece conmovedor hasta la ternura… y
muy divertido. Le agradezco su generosidad: teniendo una inteligencia
brillante como la suya, me explica las cosas de una manera llana porque
necesita que yo lo entienda. Me saca de quicio que lo tilden de nazi.
Su súperhombre no tiene nada que ver con delirios de supremacía
aria. Y le perdono su machismo porque teniendo una madre y una hermana
como las suyas, yo también habría menospreciado a las mujeres.
Aunque creo que era sólo una pose, una actitud pendenciera algo
infantil. Por momentos, incluso parece que estaba buscando que una mina
lo agarrara de los bigotes, se lo llevara a la cama y lo dejara "hecho
un trapo", como diría Sarita Montiel.
"Las mil y una noches"
"Y al oír estos versos y su música,
los jefes de los genn llegaron al éxtasis del gozo. Y aquel perverso
y feo Maimún, se entusiasmó tanto, que se puso a bailar
con un dedo metido en el culo". De más está decir
que después de esta frase en la página 23, seguí leyendo
sin parar hasta la 408. Mi libro es una edición bellísima
(Círculo de Amigos de la Historia, 1975) con el texto completo
según la versión francesa de 1889 (sobre el original árabe)
que me regaló mi padre. Leyéndola tal y como es uno se
da cuenta de los crímenes literarios de los editores que censuran,
mutilan y cambian las obras maestras porque, según ellos, los
niños no podrían entenderlas. No hay mayor falta de respeto
para un escritor que le mutilen su obra, la desordenen o le cambien las
palabras. Otro ejemplo clásico es la pobre Cenicienta de Perrault
que (sin tener el nivel de "Las mil y una noches") ha sufrido
amputaciones y "arreglos" de dudoso criterio que han cambiado
por completo el espíritu del cuento y de los personajes. Gracias
a editores desaprensivos, hoy es una obra casi sin sentido.
Las canciones
Las letras de las canciones de mis bandas favoritas
y de toda "la biblia y el calefón" que pasó por
la radio durante mi infancia y adolescencia fueron tanta escuela para
mí como cualquier libro. Adam Ant, Lene Lovich, Madness, Cyndi
Lauper, Radio Futura, Nacha Pop, etc. Una mención especial merece
Charly García que es a través de quien yo retomé el
contacto con mi cultura desde España. Un periodista español
emblemático, Joaquín Luqui, hizo un especial sobre este
ilustre desconocido argentino y yo me quedé pegada a la radio, ávida
de raíces. Meses más tarde, encontré el disco que él
había pasado en el programa en una disquería y, juntando
monedas, me lo compré. Era “Clics modernos” y la poesía
de sus canciones me resultó muy extraña, totalmente diferente
de la del rock español. Así que me abrió más
posibilidades narrativas. Y, para qué negarlo, me hizo sentir
bastante orgullosa de mi cultura de origen.
"Trópico de Capricornio" de Henry
Miller
"Podés leer todo lo que hay en la biblioteca
excepto "La luna" (novela basada en el guión de la película
de Bertolucci) y "Trópico de Capricornio" porque todavía
sos muy chica para entenderlos". Esta fue, más o menos, la
advertencia de mis padres. ¿Qué hice a continuación?
Leer "La luna" y "Trópico de capricornio".
El primero me aburrió así que lo dejé sin terminar.
Entonces, abrí el segundo. Henry Miller salió del papel,
me agarró de las solapas y me pegó un par de bofetadas.
Mi recuerdo del libro es totalmente confuso porque lo leí en desorden.
Lo abría en cualquier parte y leía a las apuradas en los
pocos momentos que me quedaba sola en casa. No lo voy a releer nunca
para ordenarlo. Me gusta así como está en mi cabeza.
"Cien años de soledad" de García
Márquez
Fue mi vida durante unas semanas. Despertaba, comía
y cagaba con ese libro. Cuando lo terminé sentí un vacío
desolador, había perdido a toda mi familia. Después leí otros
libros de García Márquez pero nunca se repitió el
hechizo.
Rómulo Gallegos
El
me presentó a uno de mis primeros amores. No sé cómo
fue. En una página del libro, lo vi venir a caballo y me enamoré perdidamente
de Hilario Guanipa, un personaje de "La trepadora". Y sufrí mucho
porque era un amor realmente imposible. No estaba muerto como mi amante
Beethoven. Ni demasiado lejos como mi otro amante Marlon Brando. Hilario
ni siquiera había existido. Si conseguía dinero para viajar
a Venezuela, no podría llorar en su tumba porque no tenía
una. A continuación leí "Doña Bárbara", "Reinaldo
Solar" y "Cantaclaro". No creo que se pueda rastrear ninguna
influencia de Gallegos en lo que yo escribo pero sus historias, sus personajes
y sus paisajes son parte de mis recuerdos personales.
"El rojo es para el asesinato (Un misterio dactiloscópico)" de
Phyllis A. Whitney
No
tengo la menor idea de quién es Phyllis A. Whitney pero disfruté su
novela como pocas. Es una simple historia policial que se desarrolla
en unos grandes almacenes. Los personajes (mi favorito era Sondo), los
escenarios, las situaciones, los colores, el misterio... todo está planteado
con tal justeza que uno se olvida de que lo que está sucediendo
fue escrito por alguien. La colección Austral no tiene buenas
traducciones pero sí el mejor olor. Siempre huelo los libros y
ninguno los supera. Podría reconocerlos con los ojos cerrados.
Stefan Zweig
"María
Antonieta", "24 horas en la vida de una mujer", "María
Estuardo"... cualquier obra de Zweig es una clase de cómo
se cuenta una historia. El analiza con la misma seriedad el vestido de
un personaje que la estructura interna de su cabeza. Todo es importante,
nada es descartable. Los alumnos que odian la Historia deberían
leer "María Antonieta" y se volverían adictos.
Aunque, claro, después de eso difícilmente puedan soportar
un texto escolar. Zweig pone el listón muy alto.
Cervantes
Odié a
Cervantes en la adolescencia sólo porque todos decían que
era un genio y porque era lectura obligatoria en la escuela. Aunque había
coleccionado los cromos (las figuritas) del album de la serie de dibujos
animados basada en la novela. Cuando dejé la secundaria, decidí que
era el momento de leerlo, aprovechando que las autoridades escolares, "el
poder" no podía verme. Más allá de los modismos
de la época es sencillo, divertido y tan espontáneo que
parece que no estuviera corregido. Prestando atención, se pueden
sentir las carcajadas de Cervantes en cada gag. Me parece una gansada
que hablen del Quijote como de un héroe idealista y romántico… ¡¿qué héroe
idealista?! ¡El Quijote está totalmente chapa y eso es lo
que tiene de maravilloso! Su poesía y su ternura nacen de su carácter
tragicómico no de sus "ideales". Es el primer inadaptado
que protagonizó una novela en la historia de la literatura. Todavía
quedaban siglos para que los escritores siguieran desarrollando el personaje
del héroe y Cervantes inventó el antihéroe, un tipo
que no encaja en ninguna parte, que fracasa y se equivoca.
El cine y la televisión
Welles,
Wilder, Mankiewicz, García Berlanga, Ophüls, Visconti, von
Stroheim, Fellini, Kubrick, von Sternberg, Lubistch, Scola, Polanski,
Aldrich, Penn, Losey y los guionistas que trabajaron con ellos, me enseñaron
a contar historias y construir personajes atractivos. También
la despreciada televisión me enseñó literatura. "El
show de Benny Hill", "Arriba y abajo", "Yo, Claudio", "Mazinger
Z", "La abeja Maya", "Marco", "Raíces", "Starsky
y Hutch", los documentales de Jacques Cousteau y Félix Rodríguez
de la Fuente, y los dibujos de la Warner y de Hannah Barbera me enseñaron
a hacer humor, conmover y atrapar la atención. Además de
los programas y las series, en la Segunda Cadena de TVE pude ver la mayoría
de los clásicos del cine a los que no habría tenido acceso
de otra forma porque aún no se había inventado el video.
Y en la Primera, los sábados por la tarde, aferrada a una lata
de leche condensada (a falta del dulce de leche argentino), todos los
westerns del cine estadounidense e italiano. Así que rompo una
lanza en favor de la "caja boba".
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